Esta historia la aporto Aracely de Chile, es una historia sencilla pero uqe contiene un mensaje muy cierto...
EL HOMBRE Y EL MUNDO
Un científico, que vivía preocupado con los problemas del mundo, estaba resuelto a encontrar los medios para aminorarlos. Pasaba días en su laboratorio en busca de respuestas para sus dudas. Cierto día, su hijo de 7 años invadió su santuario decidido a ayudarlo a trabajar. El científico, nervioso por la interrupción, le pidió al niño que fuese a jugar a otro lugar. Viendo que era imposible sacarlo, el padre pensó en algo que pudiese darle con el objetivo de distraer su atención.De repente se encontró con una revista en donde venía el mapa del mundo ¡Justo lo que precisaba!. Con unas tijeras recortó el mapa en varios pedazos y junto con un rollo de cinta se lo entregó a su hijo diciendo: "Como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto, para que lo repares sin ayuda de nadie".Entonces calculó que al pequeño le llevaría días componer el mapa, pero no fue así. Pasadas algunas horas, escuchó la voz del niño que lo llamaba calmadamente. "Papá, ya hice todo, conseguí terminarlo".Al principio el padre no dio crédito a las palabras del niño. Pensó que sería imposible que, a su edad, hubiera conseguido recomponer un mapa que jamás había visto antes. Desconfiado, el científico levantó la vista de sus anotaciones con la certeza de que vería el trabajo digno de un niño.Para su sorpresa, el mapa estaba completo. Todos los pedazos habían sido colocados en sus debidos lugares.¿Cómo era posible? ¿Cómo el niño había sido capaz?-Hijito, tú no sabías cómo era el mundo, ¿cómo lograste armarlo?-Papá, yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, vi que del otro lado estaba la figura de un hombre ...Así que dí vuelta a los recortes y comencé a recomponer al hombre, que si sabía como era. Cuando conseguí arreglar al hombre, di vuelta la hoja y vi que había arreglado al mundo.
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sábado, 11 de octubre de 2008
lunes, 25 de agosto de 2008
El poder de la determinación.
Hola amigos, hoy vengo a dejarles una historia con un mensaje muy importante, "luchar hasta vencer". Espero que luego de leer esta historia refexiones un poco y pienses todo lo que te perdistes por no ser determinante, por rendirte y bajar los brazos sin luchar. Este es un ejemplo perfecto de que se puede.
El poder de la determinación.
En la pequeña escuelita rural había una vieja estufa de carbón muy anticuada. Un chiquito tenía asignada la tarea de llegar al colegio temprano todos los días para encender el fuego y calentar el aula antes de que llegaran su maestra y sus compañeros.Una mañana, llegaron y encontraron la escuela envuelta en llamas. Sacaron al niño inconsciente más muerto que vivo del edificio. Tenía quemaduras graves en la mitad inferior de su cuerpo y lo llevaron de urgencia al hospital del condado.En su cama, horriblemente quemado y semi-inconsciente, el niño oía al médico que hablaba con su madre. Le decía que seguramente su hijo moriría - que era lo mejor que podía pasar, en realidad -, pues el fuego había destruido la parte inferior de su cuerpo.Pero el valiente niño no quería morir. Decidió que sobreviviría. De alguna manera, para gran sorpresa del médico, sobrevivió. Una vez superado el peligro de muerte, volvió a oír a su madre y al médico hablando despacito. Dado que el fuego había dañado en gran manera las extremidades inferiores de su cuerpo, le decía el médico a la madre, habría sido mucho mejor que muriera, ya que estaba condenado a ser inválido toda la vida, sin la posibilidad de usar sus piernas.Una vez más el valiente niño tomó una decisión. No sería un inválido; ¡caminaría! Pero desgraciadamente, de la cintura para abajo, no tenía capacidad motriz. Sus delgadas piernas colgaban sin vida.Finalmente, le dieron de alta. Todos los días, su madre le masajeaba las piernas, pero no había sensación, ni control, nada. No obstante, su determinación de caminar era más fuerte que nunca.Cuando no estaba en la cama, estaba confinado a una silla de ruedas. Una mañana soleada, la madre lo llevó al patio para que tomara aire fresco. Ese día en lugar de quedarse sentado, se tiró de la silla. Se impulsó sobre el césped arrastrando las piernas.Llegó hasta el cerco de postes blancos que rodeaba el jardín de su casa. Con gran esfuerzo, se subió al cerco. Allí, poste por poste, empezó a avanzar por el cerco, decidido a caminar. Empezó a hacer lo mismo todos los días hasta que hizo una pequeña huella junto al cerco. Nada quería más que darle vida a esas dos piernas.Por fin, gracias a los fervientes masajes diarios de su madre, su persistencia férrea y su resuelta determinación, desarrolló la capacidad, primero de pararse, luego caminar tambaleándose y finalmente caminar solo y después correr.Empezó a ir caminando al colegio, después corriendo, por el simple placer de correr. Más adelante, en la universidad, formó parte del equipo de carrera sobre pista.Y aun después, en el Madison Square Garden, este joven que no tenía esperanzas de que sobreviviera, que nunca caminaría, que nunca tendría la posibilidad de correr, este joven determinado, el Dr. Glenn Cunningham, ¡corrió el kilómetro más veloz del mundo!
Un abrazo!!! Renzo....
El poder de la determinación.
En la pequeña escuelita rural había una vieja estufa de carbón muy anticuada. Un chiquito tenía asignada la tarea de llegar al colegio temprano todos los días para encender el fuego y calentar el aula antes de que llegaran su maestra y sus compañeros.Una mañana, llegaron y encontraron la escuela envuelta en llamas. Sacaron al niño inconsciente más muerto que vivo del edificio. Tenía quemaduras graves en la mitad inferior de su cuerpo y lo llevaron de urgencia al hospital del condado.En su cama, horriblemente quemado y semi-inconsciente, el niño oía al médico que hablaba con su madre. Le decía que seguramente su hijo moriría - que era lo mejor que podía pasar, en realidad -, pues el fuego había destruido la parte inferior de su cuerpo.Pero el valiente niño no quería morir. Decidió que sobreviviría. De alguna manera, para gran sorpresa del médico, sobrevivió. Una vez superado el peligro de muerte, volvió a oír a su madre y al médico hablando despacito. Dado que el fuego había dañado en gran manera las extremidades inferiores de su cuerpo, le decía el médico a la madre, habría sido mucho mejor que muriera, ya que estaba condenado a ser inválido toda la vida, sin la posibilidad de usar sus piernas.Una vez más el valiente niño tomó una decisión. No sería un inválido; ¡caminaría! Pero desgraciadamente, de la cintura para abajo, no tenía capacidad motriz. Sus delgadas piernas colgaban sin vida.Finalmente, le dieron de alta. Todos los días, su madre le masajeaba las piernas, pero no había sensación, ni control, nada. No obstante, su determinación de caminar era más fuerte que nunca.Cuando no estaba en la cama, estaba confinado a una silla de ruedas. Una mañana soleada, la madre lo llevó al patio para que tomara aire fresco. Ese día en lugar de quedarse sentado, se tiró de la silla. Se impulsó sobre el césped arrastrando las piernas.Llegó hasta el cerco de postes blancos que rodeaba el jardín de su casa. Con gran esfuerzo, se subió al cerco. Allí, poste por poste, empezó a avanzar por el cerco, decidido a caminar. Empezó a hacer lo mismo todos los días hasta que hizo una pequeña huella junto al cerco. Nada quería más que darle vida a esas dos piernas.Por fin, gracias a los fervientes masajes diarios de su madre, su persistencia férrea y su resuelta determinación, desarrolló la capacidad, primero de pararse, luego caminar tambaleándose y finalmente caminar solo y después correr.Empezó a ir caminando al colegio, después corriendo, por el simple placer de correr. Más adelante, en la universidad, formó parte del equipo de carrera sobre pista.Y aun después, en el Madison Square Garden, este joven que no tenía esperanzas de que sobreviviera, que nunca caminaría, que nunca tendría la posibilidad de correr, este joven determinado, el Dr. Glenn Cunningham, ¡corrió el kilómetro más veloz del mundo!
Un abrazo!!! Renzo....
lunes, 21 de julio de 2008
El amor y el taxista de Art Buchwald
Hola amigos. Hoy quiero entregarles esta historia de Art Buchwald para la reflexion y que transmite un mensaje importante.
El amor y el taxista.
El otro día estaba en Nueva York y viajé en taxi con un amigo. Al bajarnos, mi amigo le dijo al taxista:
-Gracias por el viaje. Condujo a las mil maravillas.
Por un momento, el taxista se quedó sorprendido.
- ¿Se está haciendo el piola o que?- preguntó.
_ No, mi querido amigo, y no estoy tomándole el pelo. Admiro la forma en la que se mantiene sereno con este transito pesado.
- Sí- dijo el taxista y arrancó.
- ¿Qué significa esto? - pregunté.
_Estoy tratando de que vuelva el amor a Nueva York_ dijo_ . Creo que es lo único que puede salvar a esta ciudad.
_ ¿Cómo puede salvar a Nueva York un solo hombre?
_ No es un solo hombre. Creo que a este taxista le alegré el día. Supón que hace veinte viajes. Va a ser amable con esos veinte pasajeros porque alguien fue amable con él. Esos pasajeros a su vez serán más atentos con sus empleados o con los vendedores o mozos, o incluso con sus propias familias. Finalmente, la buena voluntad puede legar a difundirse por lo menos a mil personas. No está mal, ¿no?
_ Pero dependes de que el taxista pase su buena voluntad a otros.
_ Yo no dependo de eso_ dijo mi amigo. Soy consiente de que el sistema no es a prueba de idiotas, o sea que hoy debería abordar a unas diez personas. Si de las diez, puedo hacer felices a tres, a la larga puedo influir indirectamente en las actitudes de tres mil más.
_ Suena bien en teoría_ admití_, pero no estoy seguro de que en la practica funcione.
_ Si no es así, no se pierde nada. Decirle a este hombre que estaba haciendo bien su trabajo no me llevó nada de tiempo. Él tampoco recibió una propina mayor o menor. Si cayó en oídos sordos, ¿qué más da? Mañana, ya habrá otro taxista al que pueda intentar hacer feliz.
_ Estas totalmente loco_ dije.
_ Eso demuestra lo cínico que te has vuelto. Hice un estudio. Al parecer, lo que le falta a nuestros empleados postales, además de dinero, es que nadie les dice qué bien hacen su trabajo.
_ Es que, directamente, no trabajan bien.
_ No trabajan bien porque sienten que a nadie le importa si lo hacen o no. ¿Por qué nadie les dice nada amable?
Pasamos frente a una obra en construcción y había cinco obreros que comían su almuerzo. Mi amigo se detuvo.
_ Están haciendo un trabajo magnifico. Ha de ser difícil y peligroso.
Los hombres miraron a mi amigo co recelo.
_ ¿Cuándo estará terminado?
_En junio_ masculló uno.
_ Ah, es impresionante. Deben de estar muy orgullosos.
Nos alejamos.
_No había visto a nadie como tu después de Don Quijote de la Mancha_ dije.
_ Cuando esos hombres digieran mis palabras, se sentirán mejor. De alguna manera, la ciudad se beneficiara con su felicidad.
_ ¡Pero no puedes hacerlo solo!_ protesté_. No eres más que uno.
_Lo más importante es no desalentarse. Lograr que la gente de la ciudad vuelva a ser amable no es fácil, pero si puedo reclutar a más gente en la campaña…
_ Acabas de guiñarle el ojo a una mujer fea_ dije.
_ Sí, ya sé _ respondió_. Y si es maestra, seguramente hoy a va a ser un día de clase fantástico.
Art Buchwald.
El amor y el taxista.
El otro día estaba en Nueva York y viajé en taxi con un amigo. Al bajarnos, mi amigo le dijo al taxista:
-Gracias por el viaje. Condujo a las mil maravillas.
Por un momento, el taxista se quedó sorprendido.
- ¿Se está haciendo el piola o que?- preguntó.
_ No, mi querido amigo, y no estoy tomándole el pelo. Admiro la forma en la que se mantiene sereno con este transito pesado.
- Sí- dijo el taxista y arrancó.
- ¿Qué significa esto? - pregunté.
_Estoy tratando de que vuelva el amor a Nueva York_ dijo_ . Creo que es lo único que puede salvar a esta ciudad.
_ ¿Cómo puede salvar a Nueva York un solo hombre?
_ No es un solo hombre. Creo que a este taxista le alegré el día. Supón que hace veinte viajes. Va a ser amable con esos veinte pasajeros porque alguien fue amable con él. Esos pasajeros a su vez serán más atentos con sus empleados o con los vendedores o mozos, o incluso con sus propias familias. Finalmente, la buena voluntad puede legar a difundirse por lo menos a mil personas. No está mal, ¿no?
_ Pero dependes de que el taxista pase su buena voluntad a otros.
_ Yo no dependo de eso_ dijo mi amigo. Soy consiente de que el sistema no es a prueba de idiotas, o sea que hoy debería abordar a unas diez personas. Si de las diez, puedo hacer felices a tres, a la larga puedo influir indirectamente en las actitudes de tres mil más.
_ Suena bien en teoría_ admití_, pero no estoy seguro de que en la practica funcione.
_ Si no es así, no se pierde nada. Decirle a este hombre que estaba haciendo bien su trabajo no me llevó nada de tiempo. Él tampoco recibió una propina mayor o menor. Si cayó en oídos sordos, ¿qué más da? Mañana, ya habrá otro taxista al que pueda intentar hacer feliz.
_ Estas totalmente loco_ dije.
_ Eso demuestra lo cínico que te has vuelto. Hice un estudio. Al parecer, lo que le falta a nuestros empleados postales, además de dinero, es que nadie les dice qué bien hacen su trabajo.
_ Es que, directamente, no trabajan bien.
_ No trabajan bien porque sienten que a nadie le importa si lo hacen o no. ¿Por qué nadie les dice nada amable?
Pasamos frente a una obra en construcción y había cinco obreros que comían su almuerzo. Mi amigo se detuvo.
_ Están haciendo un trabajo magnifico. Ha de ser difícil y peligroso.
Los hombres miraron a mi amigo co recelo.
_ ¿Cuándo estará terminado?
_En junio_ masculló uno.
_ Ah, es impresionante. Deben de estar muy orgullosos.
Nos alejamos.
_No había visto a nadie como tu después de Don Quijote de la Mancha_ dije.
_ Cuando esos hombres digieran mis palabras, se sentirán mejor. De alguna manera, la ciudad se beneficiara con su felicidad.
_ ¡Pero no puedes hacerlo solo!_ protesté_. No eres más que uno.
_Lo más importante es no desalentarse. Lograr que la gente de la ciudad vuelva a ser amable no es fácil, pero si puedo reclutar a más gente en la campaña…
_ Acabas de guiñarle el ojo a una mujer fea_ dije.
_ Sí, ya sé _ respondió_. Y si es maestra, seguramente hoy a va a ser un día de clase fantástico.
Art Buchwald.
miércoles, 2 de julio de 2008
Un gesto simple.
Quiero dejarles una pequeña historia de John W. Schlatter de valores, para reflexionar acerca de lo importante que puede ser la bondad.
UN GESTO SIMPLE:
UN GESTO SIMPLE:
Un día, Mark volvía caminado del colegio cuando vio que un chico que iba delante había tropezado y se le habían caído los libros que llevaba, además de dos abrigos, un bate de béisbol, un guante y un grabador pequeño. Mark se arrodilló y colaboró con el chico en recoger los artículos diseminados. Como iban en la misma dirección, lo ayudó a llevar parte de las cosas. Mientras caminaban, Mark descubrió que el chico se llamaba Bill, que le encantaban los videojuegos, el béisbol y la historia, que tenía muchos problemas con las demás materias y que acababa de romper con su novia.
Llegaron a la casa de Bill, y Mark fue invitado a tomar algo y a mirar un poco de televisión. La tarde fue agradable, con risas y charla compartidas y Mark regresó a su casa. Siguieron viéndose en el colegio, y almorzaron juntos una o dos veces, hasta que los dos terminaron el ciclo básico. Completaron los estudios del ciclo medio en la misma secundaria donde mantuvieron sus breves contactos a lo largo de los años. Finalmente, llegó el esperado último año y, tres semanas antes de recibirse, Bill le preguntó a Mark si podías hablar.
Entonces le recordó el día en que se habían conocido muchos años antes. “¿Nunca te preguntaste por qué llevaba tantas cosas a casa aquel día?”, pregunto Bill.
“Sabes, había limpiado mi armario porque no quería dejarle un revoltijo a nadie. Había guardado algunas píldoras para dormir de mi madre y me iba a casa a suicidarme. Pero después de pasar un tiempo juntos, hablando y riéndonos, me di cuenta de que si me hubiera matado, habría perdido esa oportunidad y muchas cosas que podrían aparecer. De modo que ya ves, Mark, cuando recogiste mis libros ese día, hiciste muchísimo más. Me salvaste la vida.”
Llegaron a la casa de Bill, y Mark fue invitado a tomar algo y a mirar un poco de televisión. La tarde fue agradable, con risas y charla compartidas y Mark regresó a su casa. Siguieron viéndose en el colegio, y almorzaron juntos una o dos veces, hasta que los dos terminaron el ciclo básico. Completaron los estudios del ciclo medio en la misma secundaria donde mantuvieron sus breves contactos a lo largo de los años. Finalmente, llegó el esperado último año y, tres semanas antes de recibirse, Bill le preguntó a Mark si podías hablar.
Entonces le recordó el día en que se habían conocido muchos años antes. “¿Nunca te preguntaste por qué llevaba tantas cosas a casa aquel día?”, pregunto Bill.
“Sabes, había limpiado mi armario porque no quería dejarle un revoltijo a nadie. Había guardado algunas píldoras para dormir de mi madre y me iba a casa a suicidarme. Pero después de pasar un tiempo juntos, hablando y riéndonos, me di cuenta de que si me hubiera matado, habría perdido esa oportunidad y muchas cosas que podrían aparecer. De modo que ya ves, Mark, cuando recogiste mis libros ese día, hiciste muchísimo más. Me salvaste la vida.”
Piensen que pueden salvarle la vida a alguien simplemente siendo generosos y generando momentos de felicidad. Transmitamos la felicidad.
viernes, 20 de junio de 2008
Aprendamos a ser agradecidos con la vida
En octubre de 1998, Margarita publicó su libro “Se puede”. Allí describió sin amarguras ni resentimientos todos los pormenores de su tragedia personal. En uno de los tramos más dolorosos, cuenta que mucho antes que se le diagnosticara la enfermedad, como toda jovencita, deseaba bajar unos cuantos kilos. Había intentado toda clase de regímenes y dietas con resultados satisfactorios. "Un especialista en obesidad, enseñándome a comer consiguió que bajara 14 kilos. Pero me faltaban 17 para llegar a la figura ideal", confesó. Luego de un tratamiento estricto a base exclusivamente de bebidas, logró que el espejo reflejara la imagen exterior deseada. Su sistema inmunológico quedó destruido y el deterioro físico fue inevitable. Después de un año de diagnósticos erráticos y tratamientos infructuosos, los médicos descubrieron que padecía ELA.
La enfermedad es neurodegenerativa y lentamente genera debilidad muscular, discapacidad y severas complicaciones. Comprende el grupo de las enfermedades de la neurona motora. Es cruel pero a Margarita no la doblegó.
Amo la vida
“Hay algo que me gustaría aclarar: Amo la vida. Y cada minuto que pasa es un maravilloso regalo de Dios. Y a pesar de los que he pasado, de los “bajones”, de las “pálidas”, de los vaivenes, de las euforias, de los momentos feos y momentos felices, los “gozos y las sombras”, los alegrones y las tristezas, estoy convencida de que vale la pena vivirla.
Y cada día, cuando me despierto, agradezco a Dios la vida que me dio, y la que me permitió seguir viviendo.
Le agradezco también:
Porque viví largos años de independencia, pero ahora tengo de quién depender. Por mis dos pies, con los cuales antes bailaba, caminaba y corría; ahora con el izquierdo escribo, y con el derecho hablo por teléfono. Porque conservo mi sentido del humor intacto y el sufrimiento no me amargó el carácter.
Aún veo el lado gracioso de algunas situaciones y puedo reírme de un buen chiste.
Porque leo todo sin anteojos. Porque puedo ver las maravillas de la naturaleza, percibo y asimilo ideas, comportamientos, mensajes no escritos.
Porque aprecio un buen dibujo, aunque ya no dibujo más.
Porque puedo gozar con los colores, aunque ya no pinte más”
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